Felices ¿los cuatro?

Por Roxana Medina Torres, estudiante de Periodismo
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Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir se llamaban el uno al otro su “amor necesario”. Durante el transcurso de su vida pasional tuvieron otros romances, los cuales solo alcanzaron la denominación de “amores contingentes”. Este compromiso contra la monogamia les permitió estar juntos por más de medio siglo.

En la actualidad, acuerdos similares al de Simone y Sartre persisten entre muchos jóvenes, que encuentran cierta independencia en este tipo de noviazgos. Tener una relación free o libre excluye cualquier tipo de celos, reproches, cantaletas y todos “los males” generados por las parejas serias o estables.

Las relaciones abiertas no exigen las visitas oficiales por obligación, tampoco cumplir con la llamada prometida ni regalar un pequeño detalle, y mucho menos mencionar la palabra “amor” en una conversación. Pero esos amoríos de verano, de fin de semana, amigos con derechos o amores lejanos podrían ser dañinos, si las personas involucradas no conocen sus verdaderos sentimientos.

¿Qué pasaría si el juego cambia y una de las personas de la ecuación se convierte en el perdedor que nunca pensó enamorarse? Si algo así ocurriese, comenzarían los vacíos, porque a pesar de que posea una mente abierta, los sentimientos son inevitables. Surgirían los celos, cuando la persona amada lo deje en un segundo plano al involucrarse en un noviazgo. Cuestionaría su valor y bajaría su autoestima.

Este “poliamor”, de moda entre parte de la juventud cubana, es la alternativa a no involucrarse sentimentalmente con una persona y seguir disfrutando de los momentos carnales.

Hace días, esperando mi turno en la cola de la tienda, escuché cómo dos muchachas de preuniversitario hablaban de sus relaciones. Una le comentaba que aún tenía el mismo novio desde octavo grado, mientras la otra le decía que la formalidad no estaba hecha para ella, que prefería encuentros eventuales con varios de sus amigos.

Lo más sorprendente de este escenario no es con la naturalidad con que muchos asumen estos amoríos, sino el hecho de que se exponen a sufrir heridas, quizás, irreversibles.

La promiscuidad, el posible contagio de enfermedades de transmisión sexual, la distorsión de la idea de la sexualidad y del concepto de amistad son ciertos riesgos de los “amigos con derechos”.

Esa idea de encontrar a la “media naranja” se pierde cada vez más cuando surgen pensamientos como “para qué estar solo contigo, si podemos ser felices los cuatro”.

La falta de compromiso y la necesidad de terceros en un noviazgo de dos disminuyen la probabilidad de que todos los que lo practiquen conozcan verdaderamente el querer y la felicidad en todas sus dimensiones.

Aunque la poligamia es tan válida como cualquier otra opción, lo que más me inquieta de este contexto es que mi pareja actual, o la próxima, me propongan este estilo de vida que jamás podré asumir. Nunca lograré decir “no” a la posibilidad de amar, porque ese sentimiento como diría el escritor francés Honoré de Balzac, “es la poesía de todos los sentidos”.

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