Los últimos de la cola

Por: Eileen Sosin Martínez en: https://medium.com/somos-j%C3%B3venes/los-%C3%BAltimos-de-la-cola-8b0d03f99594

Siempre los veo en la esquina. Tendrán unos diecipico, tal vez veintipocos años. En las tardes y en la alta noche, el portal del agro se vuelve su espacio, su feudo; de ahí nadie los viene a sacar.

Para escribir sobre ellos, en buena ley, yo debería acercarme, intentar alguna pregunta. Pero creo que les tengo miedo, o por lo menos rechazo. Me parece que en cualquier momento podrían tirar una piedra contra mi ventana 
o prenderle fuego al latón de basura.

Con todo y mis prejuicios, entiendo que esos “elementos”, chiquitos “de ambiente”, son producto de una circunstancia. Son los que tuvieron una madre loca, un padre borracho, un hermano delincuente — por decirlo a la bella manera del poeta.

Obviamente, no cuentan con dinero para divertirse en algo mejor. En tal caso no estarían ahí vociferando, burlándose de la gente que pasa. Tampoco les sobra “espiritualidad” como para irse a leer o ver una película. Si estudian o trabajan, no hacen mucho de ninguna de las dos. Quién sabe lo que ocurrirá en sus casas cuando ellos prefieren el portal.

Sentados en un contén del barrio. Aburridos. Pero sobre todo, marginados.

Con esta imagen, claro está, no descubrimos el agua tibia. Varias investigaciones sobre jóvenes cubanos (1) muestran desigualdades existentes entre grupos, en específico las referidas a cuestiones económicas.

Por ejemplo, 47,4% de los sujetos encuestados aseguró no contar con recursos para cubrir la mayoría de sus necesidades. Asimismo, sobresale la presencia de personas negras y mestizas en las agrupaciones de peor situación.

La psicóloga Elaine Morales Chuco señala: “Los recursos dirigidos a la recreación, esfera reconocida por su elevada significación para esta edad, fueron desplazados a una quinta posición, como resultado de las necesarias jerarquizaciones establecidas por los jóvenes al decidir los productos a consumir”. Es decir, los gastos de los jóvenes estudiados se dirigen en lo fundamental a la compra de alimentos, vestuario y calzado, y otros asuntos domésticos.

Apenas 29% de los individuos vivía solo o con su pareja. “El análisis según el territorio deja ver igualmente diferencias sensibles”, prosigue la investigadora. “Los mayores beneficios se asocian al occidente, en tanto la situación más desfavorable se percibe en el oriente”.

Otros resultados (2) indican que los desvinculados del estudio y el trabajo (que incluyen a las clasificadas como amas de casa), pueden ser una cifra no muy elevada, aunque para nada insignificante.

Insisto en todo lo anterior porque siento que cuando desde ciertos discursos se dice: “Los jóvenes cubanos esto…” o “Los jóvenes cubanos aquello”, se está pensando en las caras alegres y triunfales de los spots televisivos, y menos 
— bastante menos — en los muchachos de esquina. Esa generalidad reduce la perspectiva (justamente de quienes más necesitan ser vistos); la generalidad es una trampa.

De hecho, Morales Chuco recomienda comprender cuán profunda resulta la heterogeneidad de la juventud cubana, proceso que comienza a evidenciarse desde la década de los noventa, al unísono con el aumento de las desigualdades sociales en el resto de la población.

Y esas disparidades se refieren no solo a aspectos concretos, como los ingresos o la vivienda, sino también a las oportunidades y las aspiraciones. Sin quitarle un gramo de mérito a las políticas y programas dirigidos hacia los jóvenes, algo no anda bien cuando existe gente que se va quedando atrás.

No hay proyecto de país sin proyectos de vida. Para las mayorías y para las minorías. Solo así los últimos podrán ser los primeros.

(1) Referidas en el artículo “Inequidades en la población joven cubana. Desafíos para las políticas de juventud”, Elaine Morales Chuco. En: Retos para la equidad social en el proceso de actualización del modelo económico cubano, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2015.

(2) “Políticas públicas de juventud e inclusión social El caso Cuba”, María Isabel Domínguez, Claudia Castilla e Idania Rego. Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS), Publicaciones Acuario, 2016.

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