Me invitaron a hacer un trío

Por Maby Martínez Rodríguez, estudiante de Periodismo
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Me invitaron a hacer un trío. Así de simple, sin muchos rodeos, me invitaron a hacer un trío.

— ¿No quieres? — me preguntó el muchacho — . Te elegimos porque te conocemos, fue una decisión mutua. Además, ¿no te dan ganas de probar?

Él la abrazaba por la cintura y ella sonreía:

— Deja la bobería — dijo — . Quita esa cara, que es normal, no es un delito.

Obvio. No era un delito, pero lo que no sabía era como sentirme, tenía una mezcla de emociones. Estaba halagada porque de alguna manera me gustó que pensaran en mí para algo tan íntimo, y ofendida porque no sabía cuál era el protocolo para invitar a hacer un trío. Y fueron tan directos que dudé de la imagen que a veces puedo transmitir. ¿Seré demasiado zalamera y contentica? ¿Cuándo les di tanta confianza?

No me considero una santa, entiendo que el sexo es sinónimo de libertad, que no hay mejor manera de conocerse sexualmente que experimentando, y nada mejor para eso que tener la mente abierta. Sin embargo, en ese momento no me sentía tan liberal como pensaba que era, por instantes me dieron ganas de preguntarles si estaban locos y de decirles unas cuantas cosas por su frescura. Me tomó un tiempo procesar que cada cual es un mundo.

Respiré profundo y les fui muy clara. Confesé mi curiosidad por hacerlo, a fin de cuentas, no se puede negar que me he planteado la idea. Así que les pedí un tiempo para pensar todo bien y averiguar cuál era mi postura respecto al tema.

Para empezar, busqué información de qué es un trío y construí mi propio concepto: un trío es la realización del acto sexual entre tres personas, no implica infidelidades o engaños, es un acto consentido por parte de sus miembros y no es considerado una orgía.

Aclarado el asunto conceptual, empezó lo complicado. Por muy open mind*que quisiera ser, no me es fácil dejar de lado el qué dirán y mis propios prejuicios. Para mí el sexo se basa en la confianza, y por mucha que ellos tuvieran, yo necesitaba más, porque en la cama también hay lugar para inseguridades y complejos que a veces nos cuesta dejar de lado con una persona. ¡Imagínense con dos!

Para estar más segura de todo lo que implicaba, hice algunas preguntas por aquí y por allá, y en el recorrido hallé tres posiciones. Una de ellas era abierta y permisiva, y fue instructiva, pues hay muchas personas que no permiten que la sociedad rija su comportamiento sexual y mucho menos dejan que pongan en duda su orientación. Algunos tienen límites y solo admiten compañeros del sexo contrario, mientras otros no entienden de “quiénes”, sino de “cómos”, de cómo se sienten en el momento. No obstante, no opinaba de esa manera.

También encontré quien me miró mal y mencionó “falta de respeto” y “cochinada” en la misma oración. Otros, con solo escuchar el número, ya pensaron en SIDA y que la juventud está perdida. Es verdad que vivimos en una sociedad cuyos integrantes en su mayoría cree que el sexo es un acto sagrado practicado entre dos personas a una edad determinada. La protección contra las ITS era un punto a considerar a la hora de tener relaciones con un individuo y más aún con dos, pero no me convence una visión tan cerrada del asunto.

Cuando llegué al tercer grupo, me topé con personas que pensaban que todo es cuestión de gustos. Para ellos hay que estar seguros de lo que se quiere, el sexo no es una carrera y los tríos tampoco un deporte. El hecho de que el sexo sea liberación no significa que deba ir gritándose a los cuatro vientos y buscando público. Por otro lado, puede que sea decisión propia, pero siempre es posible lograr cierta discreción.

Por mi parte, si tuviera que elegir un bando, me quedaría con el último, que un trío sea algo normal y no un salvajismo o una falta de decoro.

No significa que todos puedan, quieran o deban practicarlo. Todo es cuestión de aceptación, de no tener miedo a investigar qué nos causa más placer y de hacerlo sin miedos y ataduras. A fin de cuentas, la diversidad es válida en el sexo, siempre y cuando te sientas bien.

Aunque en definitiva decliné la oferta, no estoy en contra, eso es seguro, pero tampoco preparada y no sé si algún día lo estaré. De lo que sí estoy convencida es que no hay que juzgar a nadie por sus preferencias sexuales.

*De mente abierta.

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